sábado, 22 de noviembre de 2014

DIY ARETES FLOR EN CROCHET

El crochet, una moda que nunca pasará de moda!!
Nadie sabe exactamente cuán antiguo es o dónde se originó. Sin embargo, en todas las culturas hay indicios que sugieren que es una práctica antiquísima. En Francia, por ejemplo, los escritores señalan que en el siglo XVIII, las agujas de bordado eran usadas sobre un bastidor y que luego la práctica evolucionó hasta la del crochet sin bastidor. Con el tiempo, y a lo largo de todo el mundo, las guerras y las malas cosechas que dañaban la economía de comunidades convirtieron el crochet en una floreciente industria casera que los ayudaba a sostenerse. Y hasta hubo reinas y monjas tejedoras, escritoras y hasta feministas combativas que honraron (y honran) el tejido como medio de expresión. Porque el crochet tiene algo de adictivo, te hace bien y además te conecta con lo más primitivo: con los procesos y los resultados de las cosas. En tiempos de consumismo de productos industriales, tejer te devuelve tu parte productiva y, en ese sentido, te hace más libre. Saber tejer es un poco un hobby, una habilidad, y otro poco una pronunciación en el mundo. En la historia, las mujeres lo hicieron mientras esperaban: maridos, hijos que habían ido a la guerra, pero también como forma de decir algo, de crear, de rebelarse. En los cuentos de hadas, las ruecas de las tejedoras siempre dicen algo y esconden otro poco. A la vista del resto, el que teje crea una trama: palpable, útil, decorativa. Pero interiormente se reserva el placer de evadirse, de transportarse lejos en ese delicioso trance que genera la concentración.
Hoy, les traigo estos lindos aretes, muy fáciles de hacer y no te llevara mucho tiempo en realizar los, espero que te gusten y los pongas en practica.
Manos a la obra!!

BENEFICIOS

Relaja y ejercita la paciencia. El estrés, al que nos acostumbramos cada vez más las que vivimos en una ciudad, nos sumerge en una ansiedad que se hace parte de lo cotidiano. Esperar para que nos atiendan, esperar que salga el mail con los adjuntos, esperar el colectivo: nos parecen torturas, atentados a la calma. Y en esa locura de querer todo ya, perdemos la noción de lo que es hacer de a poquito y atravesar el tiempo real de las cosas. Tejer te obliga a bajar los decibeles, a ver las puntadas avanzar de a poco y a que el resultado sea la consecuencia de tu constancia ¡y tu paciencia!
Te conecta contigo mismo. Las cosas que vas haciendo, sus formas y los colores que eliges son reflejo de tu personalidad. Tejer te conecta con lo lúdico y estimula mucho la imaginación. Empezá copiando cosas que viste por ahí y te gustaron, pero agregales tu toque.
Ayuda a concentrarte. Estamos seguras de que si pudiéramos aplicar la concentración a la que te lleva el crochet en otras áreas de nuestra vida, las cosas serían mucho más fáciles y livianas. La mayoría de las veces, hacemos cinco cosas a la vez, y eso hace imposible concentrarse en serio, empezar algo y terminarlo. Con el crochet, eso no pasa. Te fuerza a concentrarte, y lo lográs fácil porque te dejás llevar en los movimientos continuados. Además, como sigues siendo una ansiosa: ¡quieres ver esa manta terminada lo antes posible!
Es práctico y útil. Puedes tejer en cualquier lado. El crochet va contigo y no ocupa espacio. Apenas una bolsita con la aguja y el hilo. Y lo puedes sacar donde estés, en los viajes,  al trabajo, en la playa, en las salas de espera e incluso en las clases que son un plomo pero a las que hay que asistir igual. Lo mejor es que no es sólo un pasatiempo: como cualquier trabajo artesanal, requiere dedicación, y los resultados son siempre beneficiosos: lo que tejiste lo vas a usar, regalar o hasta lo puedes vender.
Te enriquece. No hay nada más gratificante que ver algo terminado, y mucho más si eso lo empezaste y lo terminaste tu. El día que la manta que vienes tejiendo se extiende en el suelo terminada es un día de plenitud, ¡misión cumplida!